Hace unas semanas os informábamos de que un Pelayo, Wampirus, se había clasificado para participar en un programa sobre póquer en Telecinco2. Presentado por Alfonso Caparrós, en el programa se enfrentan deportistas de élite, adiestrados por jugadores como Pakito o Pastor, y jugadores clasificados on line. Según sus cálculos su programa se emitirá en la noche del sábado al domingo a las 00:15. Su experiencia nos la narra en dos partes. Esta es la primera entrega y una vez emitido nos mandará la segunda parte. Muy interesante y divertido, si señor.
Dos cápsulas de Fortasec hicieron falta para poder salir de casa, “cagadico” de miedo iba, quien me iba a decir a mi que iría a la tele a jugar a las cartas. Me acompaña mi mujer, por si alguien tiene que empujarme al plató.
Nos esperaban en Atocha para acercarnos hasta los estudios de grabación. Qué grandismo es Madrid y cuanto coche, oiga, aunque con lo de las obras de la Expo en Zaragoza, los atascos casi me parecen una mariconada.
Enfilamos carretera arriba y abajo y al final nos dirigimos hacia una especie de polígono industrial, yo me siento como mi paisano Paco Martínez Soria en “la ciudad no es para mi” y ando buscando un “5” en algún edificio. Para mi sorpresa por la primera callejuela de lo que en realidad no parece sino que es un polígono industrial se mete el coche, para y...
-“Ya hemos llegao” -“¿Ya, adonde?” -“Es que es aquí”
Qué desilusión, no vamos a la tele sino a una productora con, eso sí, un nombre muy acorde: “Burbuja Audiovisual”
-“Mira qué bien, acabo de llegar y ya estoy en la “burbuja”, espero no tropezar” -No entiende el chiste ni dios.
Nos presentan cordialmente a todo el equipo y el director de aquello nos enseña las instalaciones. El sitio es pequeño, la gente maja y el plató chiquitico. Es como una “plaza de toros” con una especie de burladero alrededor, negro y oscuro como mi conciencia, con unos focos que sueltan todo el calor del mundo y algo de luz.
Conforme nos vamos topando con la gente nos van presentando. Al primero que vemos es a Miki Oca, luego creo recordar que topamos con Pakito, al que casi no reconozco, pues el tío se ha quitado veinte años de encima desde la foto aquella del campeonato de España. Pakito nos presenta al resto de profes: Maceiras, el Toro y Pastor. Más adelante conoceremos a Abel Antón, Fran Murcia y Eduardo Chozas.
Junto al plató hay una salita con un monitor donde se ve lo que se está rodando, tal cual, sin las tomas de las cámaras de la mesa, las cartas sólo se ven en el cuarto de realización. Están rodando uno de los últimos entrenamientos y en cuanto acaba salimos a comer.
Montamos una mesa “short” para comer: Juan Manuel Pastor, Abel Antón, la moza de maquillaje (cuyo nombre no recuerdo pero sí sus ojos), mi mujer (cuyos ojos también recuerdo, y su nombre) y yo.
Abel me deja fascinado. Realmente es “normal”, humilde quizás. Un tipo que si su deporte fuera el fútbol sería dios, y habla con total naturalidad de todo. Le escucho hablar y me doy cuenta de que tengo ante mi al verdadero “deportista”, alguien que refleja perfectamente lo que es, o debería de ser, el deporte. Un auténtico lujazo.
Se me hace difícil de creer. Estoy allí viendo cómo se desarrolla una animada conversación mientras se bromea “picando” a las mujeres, sentado junto a un pro del póquer y frente a un Campeón Olímpico que se está zampando tranquilamente unas albóndigas mientras por mi parte me siento como un gurriato, teniendo que empujar cada bocado hasta el garganchón porque por mucho que lo intento los nervios aún me tienen atenazado.
Poco a poco llega la hora de la verdad. Llega también Alonso Caparrós, el conductor del programa, majo, cordial, dicharachero y que se maquilla a toda prisa. Los deportistas también van retocándose en maquillaje, a mi me llega el turno y me siento más tieso que una vela en aquel sillón. La de los ojos clavaditos a los de Cameron Diaz me pide que me relaje, y cómo no voy a hacerlo. Me dice que ese es el mejor momento del rodaje y le doy la razón, recostado en aquel sillón mientras me acarician la cara con algodones me siento en el nirvana. –“Que le den por el saco al póquer, no acabes nunca, por favor” -No sé si lo pensé o lo pensé en voz alta.
En la tele todo “aparece” sin más. Uno ve las escenas, se las traga y punto. En aquella salita de espera, antesala también del cuarto de maquillaje, hay un póster del patrocinador y un par de focos. En eso que vienen dos tipos con una cámara, la montan, encienden un par de focos y en cuestión de segundos, en un espacio de unos 12 metros cuadrados nos encontramos ni sé la de gente como piojos en costura que diría mi abuela, al más puro estilo del famoso camarote de los Hermanos Marx. El guionista va diciendo a cada deportista su entrada, la frase que se puede ver cada sábado justo antes de la partida. Se pide silencio, se vuelve a pedir, se reclama, ¡se exige!... no es fácil, y así cuando hay unos segundos de paz se aprovecha para grabar. Cuando se consigue de forma exitosa se produce una especie de efecto dominó, “quítate tú para ponerme yo y que pase éste”, y vuelta a empezar. Resulta curioso ver todo después y no percibir un ruido, o un brazo, de más.
Yo no grabo entradilla, no soy famoso, ni deportista, mi panza lo avala. Directamente me llevan al plató y me hacen unas fotos. Ponte así, así, ahora así... –“Oye ¿tú tienes experiencia frente a las cámaras?” -“Mmmm... pues no sé ¿valen las de seguridad?”
Ya no queda nada. Foto de grupo y todos a sus puestos.
Decía antes que en la tele todo “aparece”. Al principio del programa “aparece” el presentador desde “algún sitio” que nadie se pregunta, simplemente sale al plató. Resulta curioso estar allí y ver que en realidad te tienes que “esconder” en un reducido espacio, todos apretujadicos, esperando el “tres y acción” que nos permite salir hacia el plató adoptando una actitud natural que para nada concuerda con la que teníamos segundos antes. Es curioso esto de la tele.
Y por fin: “tres y acción”. Sale primero Alonso Caparrós
-“Buenas noches y bienvenidos a PokerStars Enséñame a Jugar...”
Mientras sigue haciendo su presentación del programa, el hueco que ha dejado nos permite respirar un poquito. Al momento presenta a los cuatro deportistas y salen a escena, ufff qué bien, cuanto sitio. En apenas unos segundos oigo mi nombre, no estoy acostumbrado a que nadie me presente en público con nombre y apellido, creo que la última vez fue en párvulos cuando me dieron un diploma que no quería recoger de pura vergüenza que me daba aparecer ante tanta gente, me siento como en aquella ocasión de hace casi cuarenta años. Tengo que salir, allá voy, ¿tropezaré? ¿balbucearé? ¿pondré cara de idiota? Bueno, esto último seguro, es irremediable.
No sé si he dicho algo al sentarme... ¿he saludado? ¿es esta mi silla?... ¿color es más que escalera?... Alonso me dice algo, no hay guión, así que no sé exactamente qué me dice ni qué le respondo.
Puede parecer una estupidez, pero han pasado ya unos cuantos días, semanas, desde que conseguí clasificarme y desde entonces ha habido una “pesadilla” que me ha rondado por la cabeza de forma constante: tener una buena mano de principio y cagarla. Sé que es una idiotez, lo sé, pero no quiero tener buenas cartas en la primera mano, de hecho desearía tirarlas, me asusta sobremanera jugar la primera mano. Qué tontería ¿no?
Alonso nos desea suerte y se retira. Ahora caigo en que ni he preguntado por la estructura del torneo, no sé el tiempo de cada nivel ni con cuantas fichas salgo y lo tengo que deducir.
El plató está en silencio, las cámaras están grabando. La crupier reparte. Ya estamos todos servidos y allí está la primera mano, mis dos primeras cartas... y debo de mirarlas.
(Continuará)
Carlos –Wampirius-
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